"Me llamo Octave y llevo ropa de APC. Soy publicista: eso es, contamino el universo. Soy el tío que os vende mierda. Que os hace soñar con esas cosas que nunca tendréis. Cielo eternamente azul, tías que nunca son feas, una felicidad perfecta retocada con PhotoShop. Imágenes relamidas, músicas pegadizas. Cuando, a fuerza de ahorrar, logréis comprar el coche de vuestros sueños, el que lancé en mi última campaña, yo ya habré conseguido que esté pasado de moda. Os llevo tres temporadas de ventaja, y siempre me las apaño para que os sintáis frustrados. El Glamour es el país al que nunca se consigue llegar. Os drogo con novedad, y la ventaja de lo nuevo es que nunca lo es durante mucho tiempo. En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume.

Creéis que gozais de libre albedrío, pero el día menos pensado reconoceréis mi producto en la sección de un supermercado, y lo compraréis, así, sólo para probarlo, creedme, conozco mi trabajo."

El autor de este libro fue un publicitario de éxito durante una gran parte de su vida, pero se acabó quemando de este mundillo. ¿Porqué pasa esto? ¿Realmente las fronteras de la ética publicitaria son tan difusas?

¿Porqué estais estudiando publicidad?

Os dejo con un ejercicio de imaginación. ¿Cómo sería un mundo sin marcas?: